sábado, 7 de julio de 2018

Les tres lleis

Con el fin de curso he estado muy liada y sin tiempo para enlazar lo último que me publicaron. Como soy una inconsciente, me lancé a inaugurar una nueva sección de la revista digital Solo Novela Negra, la de relatos bilingües.


En este enlace podéis leer "Les tres lleis", un relato breve negro futurista escrito en catalán (y seguido, en castellano para quienes lo necesiten).

Pronto tendré una nueva publicación...

miércoles, 23 de mayo de 2018

Tarea pendiente (relato completo)

El mes pasado me publicaron en El Narratorio Antología Literaria Digital Nº 26 Abril 2018 Año 3 mi relato Tarea pendiente. Puesto que ya han publicado el nuevo número de la antología, hoy publico aquí el relato completo.




TAREA PENDIENTE



Tienes que escribir un relato y se te ha echado el tiempo encima. Has desperdiciado los días en mil tonterías. Tú que presumes de organizado, de dedicar el tiempo justo a cada cosa y de no entretenerte en bobadas. Bien, pues llegó el momento de tragarte tus palabras. De reconocer que no llegas, de que te quedas fuera de la convocatoria o de que entregas una basura.

No puede ser, tienes una reputación que defender y no está en tus planes enviarle al profesor algo que no sea de sobresaliente. Rebuscas entre viejos cuadernos. Quizás tengas algo aprovechable, un par de párrafos, una frase, algo que te inspire. Nada. Todo lo que lees son relatos de tu adolescencia que no servirían ni para emocionar a tu abuela. Están llenos de adjetivos, de adverbios acabados en mente y de abstracciones. Te perdías en descripciones interminables o tus personajes flotaban en un escenario invisible. Los diálogos eran impostados. Y decías y decías sin mostrar. No tiras los cuadernos a la basura porque sabes que en unos años valdrán oro. Cuando seas un escritor de renombre y estés nominado al Nobel servirán para dar lecciones a los aspirantes a emularte: vean, también él en sus inicios andaba perdido, pero trabajando y empeñándose, mejoró. ¡Vaya si mejoró!

Está oscureciendo fuera, pero te asomas por la ventana de tu habitación. Quizás algún transeúnte te inspire. Eso hacían los dos aprendices de poeta que protagonizaban una novela que leíste hace poco. Pero, así como ellos sí encontraban alguna musa a la que dedicar sus versos, tú no ves ningún personaje protagonista, tan solo ves anodinos secundarios. ¿Qué secundarios? Ni a eso llegan, son figurantes que no tienen ni frase. No te sirven ni siquiera para dibujar el escenario que precisas para tu trabajo.

 Cierras la ventana y te sientas de nuevo frente al ordenador. Tienes el teléfono junto al teclado. Lo tenías en silencio, por aquello de que no vaya a sonarte cuando estás en pleno torrente creativo. No es el caso, así que lo coges y miras si entre las fotos, las notas, los whatsapp, Instagram, Twitter o Facebook encuentras algo inspirador. Tampoco. ¿Qué vidas de mierda llevan tus amigos y conocidos? ¿Es que no saben subir fotos y anécdotas jugosas? Lanzas con rabia el móvil sobre la cama. Nada, otra pandilla de figurantes que no sabes por qué no mandas a tomar por el culo, porque para lo que te aportan… Ya lo harás, pero no ahora, que tienes que escribir.

Minerva y las nueve musas. De H. van Balen
Sales de tu habitación, aún te queda el recurso de tu abuela y tus padres. Ellos tienen historietas de cuando eran jóvenes o de cuando vivían en el pueblo para escribir un libro o dos. Tus padres se han ido al cine. ¿Por qué ya no te avisan cuando salen? Si tú tienes que hacerlo cada vez, ¿por qué ellos no? ¡Eh! Y tu madre no te ha dado ni un beso cuando se ha ido, vaya tela, en esa casa se están perdiendo las buenas costumbres. Pues nada, a ver qué le sacas de provecho a tu abuela. Pero no hay manera, te dice que se va a la cama, que se ha tomado ya las pastillicas esas de dormir y que si se queda en el sofá, luego la tendrán que mover tus padres y que no quiere dar guerra. ¡Eso, eso, que te cuente algo de la guerra! Y te dice que no, que un sábado por la noche no son horas de recordar aquellos años tan negros y te da con la puerta de su habitación en las narices. Te entran ganas de abrir y decirle la verdad, que tienes una urgencia literaria y que sacarás un cero como un melón de grande. Eso ablandaría a cualquier abuela. Pero sabes de sobra que tu victimismo no podrá con el poder letal de las pastillicas esas de dormir. Así que renuncias a esta solución.

Vuelves a la sala y enciendes de nuevo la televisión. Tu abuela tenía puesta una cadena inglesa. ¡Pero qué coj…! ¿Desde cuándo sabe inglés ella? Ríes: se hace un lío con los mandos y la pobre no se entera, habrá dejado eso por no estar en silencio en la sala. Haces un barrido por varios canales. Quizás encuentres la inspiración en alguno de ellos. Debates políticos, películas que fueron taquillazos en su día, películas de serie B, culebrones repetidos una y otra vez, documentales a cuál más bizarro, partidos de todos los deportes habidos y por haber, adivinos que leen el futuro en el tarot. Tal vez aquí escuches una historia interesante. Pasas dos horas mirando. Todos los clientes, o como se llamen los que contactan, son señoras preocupadas por el futuro de sus hijos, las enfermedades propias o de algún familiar y poco más. Si ha habido algo excepcional, te lo has perdido porque has echado varias cabezadas. No sabes concretar cuántas.

Regresas a tu habitación. Te tumbas sobre la cama. ¡Musas, joder, vais a venir o qué pasa! Das un puñetazo contra la pared y se cae un libro de la estantería que pende sobre tu cama. Lo agarras al vuelo, antes de que te golpee la frente. Es una recopilación de cuentos infantiles que no sabes por qué aún no has donado a la biblioteca municipal. ¡Eureka! ¡Puedes revisitar un viejo cuento infantil! De un brinco te pones en pie y te sientas ante el ordenador. Calientas los dedos y piensas en todos los cuentos que te sabes. Le das unas vueltas y te decides por «Los siete cabritillos». Del que no recuerdas ninguna otra versión no siendo la clásica. Empiezas a escribir: Erase una vez… No, demasiado obvio. Borras. Hace muchos años… ¡No, joder!

Lástima que ya no escribas a mano, porque tienes ganas de coger la hoja, arrancarla y hacer una pelota con ella. Será el sueño, son los tres de la madrugada. Por cierto, tus padres aún no han vuelto del cine o es que han entrado sigilosamente para que no te enteres. Te levantas para acostarte. Con suerte sueñas algo digno de ser escrito. Mañana será otro día y seguro que durante el domingo te sale un relato de diez. Eso sí, antes de apagar el ordenador y acostarte, revisas y borras ese ‘sigilosamente’ que hay hace cincuenta y un palabras. Gracias. Buenas noches y que sueñes con los relatitos.

Pinchando en este enlace podréis leer el relato en la antología (comienza en la página 30) y descargaros gratuitamente la antología completa en pdf.


miércoles, 16 de mayo de 2018

CENTRO COMERCIAL Publicación en Solo Novela Negra

¿Todas las personas implicadas en un suceso lo viven de igual manera? Está claro que no. Cada uno lo percibe desde su punto de vista y, aunque los hechos sean objetivos, cada uno nos los contará después a su manera, de forma subjetiva. Que se lo pregunten a un policía que tiene que entrevistar a varios testigos de un accidente, por ejemplo.

Foto de Solo Novela Negra
Partiendo de esto, Centro comercial es un pequeño relato contado desde el punto de vista de los tres personajes que participan en él. Solo Novela Negra es la revista digital dedicada al género negro de la Asociación Cultural Púnica Granatum. Este relato es mi primera colaboración en esta revista. Espero que sea una relación duradera y pueda seguir enlazando en mi blog más participaciones. Aquí podéis leer el relato completo. Espero que os guste.

miércoles, 18 de abril de 2018

Tarea Pendiente

De nuevo la gente de El Narratorio Antología Literaria Digital ha elegido uno de mis relatos para formar parte de uno de los números de su revista. En esta ocasión Tarea pendiente, que así se llama el relato, aparece en El Narratorio Antología Digital Nº 26 Abril 2018 Año 3. A través del blog del mismo nombre, El Narratorio, se publica mensualmente una antología en la que participan autores hispanoamericanos.


Tarea Pendiente es un relato metaliterario. En él un aspirante a escritor cuenta los problemas que tiene al enfrentarse a la página en blanco. Nació precisamente una noche en la que tenía que preparar con urgencia un relato para presentarlo. Comienza así...

          Tienes que escribir un relato y se te ha echado el tiempo encima. Has desperdiciado los días en mil tonterías. Tú que presumes de organizado, de dedicar el tiempo justo a cada cosa y de no entretenerte en bobadas. Bien, pues llegó el momento de tragarte tus palabras. De reconocer que no llegas, de que te quedas fuera de la convocatoria o de que entregas una basura.

          No puede ser, tienes una reputación que defender y no está en tus planes enviarle al profesor algo que no sea de sobresaliente. Rebuscas entre viejos cuadernos. Quizás tengas algo aprovechable, un par de párrafos, una frase, algo que te inspire. Nada. Todo lo que lees son relatos de tu adolescencia que no servirían ni para emocionar a tu abuela.

Pinchando en este enlace podréis leer el relato completo (comienza en la página 30) y descargaros gratuitamente la antología completa en pdf. Más adelante lo publicaré entero. Espero que os guste.

viernes, 9 de marzo de 2018

El novio

Ayer se entregaron los premios del 18º Concurso 'Relats de dones' que organiza el Àrea de Serveis a la Ciutadania del Ayuntamiento de Tarragona, el Departamet de Polítiques d'Igualtat y el SIAD Tarragona. -mi relato no ha sido premiado, pero, como de aquí a unas semanas colgarán todos los relatos que han participado en la web del Ayuntamiento, lo publico aquí, que para es mío. Lo he traducido deprisa y corriendo, así que se ha podido colar alguna errata...

EL NOVIO
Todas tus amigas tienen menos tú. La última que se lo echó es Judith, hace meses. Hablan cuando creen que no las oyes. Que si no te gusta ningún chico, que eres una sosa, que a ver si te lanzas de una vez, ¡que tienes quince años! Echas de menos cuando ninguna de vosotras tenia novio, todo era major: quedabais cuando os apetecía, sin que ninguna tuviera que hablar antes con su novio. Tú eres feliz sola, pero parece que eso no pueda ser y que tengas que emparejarte, sí o sí. Además, ahora, cuando quedáis, a veces también vienen ellos y no te sientes cómoda. Tendrás que buscarte novio.

El chico que te gusta ya está pillado, una pena. Así que decides bajar el listón y buscar uno lo más parecido posible. Nada fácil. Y encima tienes que ser rápida, porque los novios de tus amigas hacen bromes con tu soledad: que si eres monja, que si eres una estrecha, que si eres virgen, que si eres... La madre que los parió.

Habéis quedado el sábado para ir al Parc Central. Hoy es el día. Tienes que encontrar un chico que te encaje. O quizás primero tienes que tener algunos rollos. No lo tienes muy claro. Ya irás viendo. Te arreglas y haces cuatro muecas delante del espejo. Pretendías que fueran gestos sugerentes, pero te salen muecas. Resoplas y tragas saliva. Notas algo de nervios en el estómago. Respiras profundamente y sales. Te despides de tu madre y te parece, no sabes por qué, que se huele algo.

La tarde se alarga. Después vais al parque, allí al lado, y hacéis botellón. Bebes mucho. Bebes demasiado. Lo necesitas. A cada sorbo pierdes un poco más el miedo y te sientes más lúcida. Te olvidas de los nervios. Tus amigas y sus chicos te aplauden y ríen cuando te pones a bailar en medio del parque. La música, la ovación de la pandilla, lo que has bebido... sientes que flotas. Lo ves todo claro.

Imagen tomada de http://cdn2.salud180.com/sites/default/files/styles/medium/public/field/image/2010/07/under_pressure.jpg

El domingo te despierta tu madre, enfadada. No sabes cómo ni cuándo llegaste a casa. Lo piensas un poco. Recuerdas un chico, no es desconocido, pero no tienes claro de qué le conoces. ¿Cómo se llamaba? De pronto recuerdas el frío de una pared en tu espalda. Su lengua, grande y caliente, dentro de tu boca. Sus manos en tus pechos. Y luego intentando meterte mano. Te alivias porque recuerdas que le dijiste que parara y, aunque protestó, lo hizo.

Miras el móvil y tienes whatsapp de todas tus amigas. Quieren saber qué tal fue. Si Martí sabe besar. O sea que se llama Martí. Si te ha gustado la experiencia, si llegasteis hasta el final, si volveréis a veros o solo era un rollo. No sabes qué decirles. No quieres quedar mal ni tampoco mentir. Dices que no te acuerdas bien.

Te llama Ruth, que Martí es primo de su novio y que han quedado para verse esa tarde y dar una vuelta. Que tendrías que ir también. Aunque tu madre te dice que falta menos de un mes para final de curso y que no te ve nunca estudiando, vas. Cuando ves a Martí no sabes cómo saludarle. Él lo tiene claro. Se te acerca, te da un beso en la boca y te coge de la mano. ¡Joder! ¡Tienes novio y ni lo sabías! Pasáis la tarde en grupo. Se hace un selfie contigo y lo cuelga en las redes. Te etiqueta. Le pones un me gusta. A la hora de iros, te acompaña a casa. Aprovecháis para contaros algo. No demasiado. Hay más silencios que palabras. La despedida en tu portal se convierte en un si hay que hacerlo, lo hacemos que te hace sentir incómoda. Tú, nerviosa; él, torpe; ni rastro de ternura.

Ahora que tienes novio ya no te hacen sentir la rara de la pandilla, pero eres tú la que se siente extraña. ¿No deberías haber elegido tú a tu novio? Es más, es como si ni siquiera él te hubiese elegido. Además ya sabías que los príncipes azules no existen, hace tiempo. Desde que tus padres se divorciaron tu madre se ha encargado de dejártelo claro. ¿Lo que sientes cuando Martí se te acerca o te toca es lo que se siente cuando te enamores? No te ha parecido sentir las famosas mariposas en el estómago, al contrario, parece que tengas dentro una caja vacía. ¿Qué tenéis en común? No muchas coses. Te preguntes si merece la pena seguir. Le dejarías pero te da miedo que en la pandilla te critiquen. Vuestros perfiles en las redes se llenan de fotos juntos y felices, demostrando que disfrutáis. Tiras para adelante. Y él. Sois dos autómatas. Hacéis todo lo que hacen las demás parejas. Las despedidas en el portal suben de nivel y, al final, consigue meterte mano.

Cuando lleváis tres meses vais a cenar un sábado a una hamburguesería para celebrarlo. Publicáis lo que coméis y fotos de los dos muy amorosos. Después dais una vuelta por la Parte Alta. De repente, empieza a llover, un chaparrón fuerte. La gota fría, se acerca el final del verano. Te coge de la mano y te lleva corriendo hasta un portal, Saca unes llave del bolsillo. Son del piso de su abuela, que está en venta desde que murió. Te invita a subir. Hasta que deje de llover. No sabes qué hacer. Miras el reloj, todavía no tienes que volver a casa. Venga, va... Subís. Entráis, enciende las luces y os quitáis las chaquetas mojadas. Empieza a besarte. Te dejas hacer, al fin y al cabo es tu novio. En el piso hace fresco y huele a cerrado, a polvo y a viejo. Acabáis en el sofá de la salita. Te desabrocha el pantalón.  Te mete mano. No sabes qué hacer ni qué decir. Saca un condón. Te da vergüenza decirle que no quieres hacerlo. Aun así, se lo dices. Pero te recuerda que eres su novia y que tenéis que dar un paso adelante, si no, toda acaba aquí y ahora. Que se buscará otra que no tanga tantos problemas. Que tú misma. Le dices que no estás preparada. I Martí, que sois los únicos de la pandilla todavía no la han hecho. Que madures. Dudas. Todos sabrán que no lo habéis hecho si rompéis. Está claro. A pesar de no estar segura, aceptas.

A partir de ese momento todo va demasiado rápido y al mismo tiempo se te hace largo, interminable. Te da vergüenza estar desnuda, de que te toques in obstáculos, de no saber tocar su cuerpo. Cierras los ojos. Te hace daño. Se lo dices. Relájate y no te dolerá, te dice entre jadeos. Pero no eres capaz. Piensas si se habrá roto el condón y te quedas embarazada. Imaginas la bronca de tu madre. Imposible relajarse. Aguantas su peso, sus envestidas. Sientes su respiración en el cuello. Suda. Empuja, empuja. Se va. Tú no. Tus partes te escuecen. Sale y sientes la humedad entre las piernas. Te da un beso en la mejilla y te dice que te quiere. ¿En serio? Hay un silencio, seguro que espera tu y yo a ti. Pero le preguntas dónde puedes lavarte un poco. Te levantas. Coge el móvil. Que no haga ninguna foto, por favor. Sólo escribe. Estará contando que ya lo habéis hecho. ¿Hace falta...?

Cuando llegas a casa vas a dormir a la cama de tu madre. Lo necesitas. Medio dormida te abraza y te dice pequeña mía. Pequeña... ahora que ya no volverás a serlo. Lloras en silencio.

El recuerdo de esa primera vez te quedará como algo sucio y frío. Vacío de cariño. No tardarás ni un mes en romper, a pesar de la pandilla. Te habrás prometido que no volverás a estar con nadie a quien no quieras de verdad. Aunque aún tardarás en poder cumplir esa promesa. Casi tanto tiempo como el que hará falta para que la pandilla empiece a deshacerse. 

jueves, 8 de marzo de 2018

El xicot

Ahir van lliurar els premis del 18è Concurs 'Relats de dones' que organiza l'Àrea de Serveis a la Ciutadania de l'Ajuntament de Tarragona, el Departamet de Polítiques d'Igualtat i el SIAD Tarragona. El meu relat no va ser premiat però, com d'aquí a unes setmanes penjaran tots els relats partcipants al web de l'Ajuntament, el penjo aquí, que per això és meu. Perdoneu les errades i els castellanismes, faig el que puc...

EL XICOT

Totes les teves amigues en tenen menys tu. L’última que n’ha trobat és la Judith, fa mesos. Parlen quan creuen que no escoltes. Que si no t’agrada cap noi, que ets una sonsa, que a veure si et llences d’una vegada, que tens quinze anys! Trobes a faltar el temps quan cap de vosaltres en tenia, tot era millor: us trobàveu quan volíeu, sense que cap d’elles hagués de parlar abans amb el seu xicot. Tu ets feliç sola, però sembla que això no pugui ser i t’hagis d’emparellar, sí o sí. A més, ara, quan us trobeu, de vegades ells també venen i tu no et sents còmoda. Hauràs de buscar-te’n un, de xicot.

El noi que t’agrada de veritat ja té xicota, llàstima. Així doncs, decideixes abaixar el llistó i buscar un noi el més semblant possible. No és gaire fàcil. I has de ser una mica ràpida, perquè els xicots de les teves amigues fan bromes amb la teva soledat: que si ets una monja, que si ets una estreta, que si ets verge, que si ets... La mare que els va parir.

Imagen tomada de http://cdn2.salud180.com/sites/default/files/styles/medium/public/field/image/2010/07/under_pressure.jpg

El dissabte heu quedat per a anar al Parc Central. Avui és el dia. Has de trobar un noi que t’encaixi. Però potser primer has de passar per alguns rotlles abans de trobar xicot. No ho tens massa clar. Ja ho veuràs. T’arregles i fas quatre ganyotes davant del mirall. Tu pretenies que fossin gestos suggeridors, però et surten ganyotes. Esbufegues i després t’empasses saliva. Sents una mica els nervis a la panxa. Respires profundament i surts. T’acomiades de la mare i et sembla, no saps per què, que s’ensuma alguna cosa.

La tarda s’allarga. Després aneu al parc, allí al costat, i feu litrona. Beus molt. Beus massa. Ho necessites. A cada glop perds una mica més la por i et sents més lúcida. T’oblides dels nervis. Les teves amigues i els seus xicots t’aplaudeixen i riuen quan ets poses a ballar al mig del parc. La música, l’ovació de la colla, el que has begut... sents com si estiguessis surant. Ho veus tot clar.

El diumenge ta mare, empipada, et desperta. No saps ben bé com i quan vas arribar a casa. Fas memòria. Recordes un noi, no és desconegut, però no saps segur de què el coneixies. Com es deia? De sobte recordes el fred d’una paret a la teva esquena. La seva llengua, grossa i calenta, dins de la teva boca. Les seves mans als teus pits. I després intentant-te fotre mà. T’alleugereixes perquè recordes d’haver-li dit que parés i, tot i que va rondinar, ho va fer.

Mires el teu mòbil i tens whatsapp de totes les amigues. Volen saber com va anar. Si el Martí sap petonejar. O sigui que es diu Martí. Si t’ha agradat l’experiència, si vau arribar fins al final, si us tornareu a veure o només era un rotlle. No saps què respondre. No vols quedar malament ni tampoc vols mentir. Els dius que no te’n recordes gaire.

La Ruth et truca, que el Martí és cosí del seu xicot i que han quedat en veure’s aquella tarda per a fer un tomb. Que hauries d’anar-hi tu també. Tot i que la mare et diu que falta menys d’un mes per al final del curs i no et veu mai estudiant, vas. Quan veus el Martí no saps com l’has de saludar. Ell ho té clar. Se t’apropa, et fa un petó a la boca i t’agafa de la mà. Hosti! Tens xicot i no ho sabies! Passeu la tarda en grup. Ell es fa una selfie amb tu i la penja a les xarxes. T’etiqueta. Li poses un m’agrada. A l’hora de marxar, t’acompanya a casa. Aprofiteu per explicar-vos alguna cosa. No gaire. Hi ha més silencis que paraules. El comiat al teu portal es converteix en un com que s’ha de fer, doncs ho fem que et fa sentir incòmoda. Tu, nerviosa; ell, pocatraça; cap rastre de tendresa.

Ara que tens xicot ja no et fan sentir la rara de la colla, però ets tu a sentir-te estranya. No hauries d’haver triat tu el teu xicot? Encara més, creus que ni tan sols ell t’hagi triat. A més, ja ho sabies que els prínceps blaus no existeixen, fa temps. Des que els teus pares es van divorciar, la mare s’ha encarregat de deixar-t’ho clar. Això que sents quan el Martí se t’apropa o et toca és el que es sent quan algú s’enamora? No t’ha semblat sentir les famoses papallones a l’estómac, al contrari, sembla que dins tinguis una capsa buida. Què teniu en comú? No gaires coses. Et preguntes si val la pena continuar. El deixaries però tens por que a la colla et critiquin. Els vostres perfils a les xarxes s’omplen de fotos de tots dos feliços, fent veure que gaudiu. Vas endavant. I ell. Sou com dos autòmats. Feu tot el que fa la resta de parelles. Els comiats al portal pugen de nivell i, al final, aconsegueix fotre’t mà.

Quan porteu tres mesos aneu a sopar un dissabte a una hamburgueseria per a celebrar-ho. Publiqueu allò que mengeu i fotos de tots dos molt amorosos. Després feu un tomb per la Part Alta. De sobte, comença a ploure, un xàfec fort. La gota freda, s’apropa el final de l’estiu. T’agafa de la mà i et porta corrents cap a un portal. Treu unes claus de la butxaca. Són del pis de la seva àvia, que està en venda des que va morir. Et convida a pujar. Fins que deixi de ploure. No saps què fer. Mires el rellotge, encara no has de tornar a casa. Mires el carrer, plou cada vegada més. Vinga... Pugeu. Entreu, encén els llums i us traieu les jaquetes mullades. Tot just comença a petonejar-te. Et deixes fer, al cap i al fi, és el teu xicot. Al pis fa fresc i pudor de tancat, de pols i de gent gran. Acabeu al sofà de la saleta. Et descorda el pantaló. Et fotre mà. No saps què fer ni què dir. Treu un condó. Tens vergonya de dir-li que no vols fer-ho. Tot i això, li dius. Però et recorda que ets la seva xicota i que heu de fer un pas endavant, si no, tot acaba aquí i ara. Que es buscarà una altra que no en tingui tants, de problemes. Que tu mateixa. Dius que no estàs preparada. I Martí, que sou els únics de la colla que encara no l’han fet. Que maduris. Dubtes. Tothom sabrà que no l’heu fet si trenqueu. És clar. Tot i no estar segura, acceptes.

A partir d’aquell moment, tot va massa de pressa i al mateix temps se’t fa llarg, interminable. Tens vergonya d’estar nua, de què et toqui sense obstacles, de no saber tocar el seu cos. Tanques els ulls. Et fa mal. Li dius. Relaxa’t i no et farà mal, et diu entre panteixos. Però no ets capaç. Penses si el condó es deu haver trencat i et deus haver quedat embarassada. T’imagines l’esbroncada de ta mare. Impossible relaxar-se. Aguantes el seu pes, les seves empentes. Sents la seva respiració al coll. Sua. Empeny, empeny. Se’n va. Tu no. Les teves parts et couen. Surt i sents humitat entre les cames. Et fa un petó a la galta i et diu que t’estima. Calia? Hi ha un silenci, segur que espera el teu i jo a tu. Però li preguntes on et pots rentar una mica. T’aixeques. Agafa el mòbil. Que no faci cap foto, si us plau. Només escriu. Sospites que està explicant que ja ho heu fet. Tampoc cal...

Quan arribes a casa vas a dormir al llit de ta mare. Ho necessites. Mig adormida t’abraça i et diu petitona meva. Petitona... ara que ja no ho tornaràs a ser més. Plores en silenci.

El record d'aquella primera vegada et quedarà com una cosa bruta i freda. Buida d'afecte. No trigaràs ni un mes a trencar, malgrat la colla. T'hauràs promès que no tornaràs a estar amb algú que no t'estimis. Tot i que encara passarà un temps abans que puguis complir aquesta promesa. Quasi tant com el que caldrà perquè la colla comenci a dissoldre's.

martes, 16 de enero de 2018

Quesitos (relato completo)

El mes pasado me publicaron en El Narratorio Antología Literaria Digital Nº 22 Diciembre 2017 Año 2 mi relato Quesitos. Puesto que ya han publicado el nuevo número de la antología, hoy publico aquí el relato completo.


QUESITOS

—¡Mamá, mamá! ¿Estás ahí? —nadie respondió.

Había abierto los ojos, pero la claridad me obligó a cerrarlos. Me los tapé con la mano y fui entreabriéndolos hasta acostumbrarme a la luz. Me dolía mucho la cabeza. Me la agarré con las dos manos. Luego me la froté y, al llegar a la nuca, noté una especie de grano, del tamaño de un garbanzo. Me incorporé como pude en la cama. Aquella no era mi habitación. Me asusté. Las paredes eran plateadas, paneles lisos unidos por perfiles de metal con remaches, sin ventanas, sólo había una puerta. Llamé otra vez:

—¿Mamá?

Tampoco obtuve respuesta. Tenía diez años y, la verdad, nunca había pasado la noche fuera de casa. Me preocupé. Hasta que oí unos pasos detrás de la puerta. Me puse en pie de un brinco para pedir ayuda a quien estuviera al otro lado, pero, antes de llegar, la puerta se abrió y apareció una hormiga casi tan alta como yo. Corrí horrorizado y gritando hacia el otro lado de la habitación. Quise trepar por la pared, pero no había dónde agarrarse. Lloré. Pensé que era el fin. Miré de reojo a la hormiga. No se había movido de la puerta, me miraba impasible, sólo movía las antenas lentamente. Cuando dejé de gritar, me habló:

—Cálmese, por favor —dijo con tono suave—. No se preocupe, Dios Rubén.

Sabe mi nombre y me llama Dios. No puede ser. Una hormiga que me habla y que es tan grande como yo. O yo tan pequeño como ella. Esté claro: es una pesadilla y en nada, me despierto. Me pellizqué el brazo. Sólo conseguí hacerme daño.

—Soy el coronel Micrón, si es tan amable de acompañarme —giró sobre sí misma y echó a andar por el pasillo.

Pensé en no moverme de allí, pero quizás fuese la única oportunidad de salir de esa habitación, así que la seguí. Sentí el frío del suelo en los pies, iba descalzo. Me los miré y no los reconocí, eran grandes. Igual que mis manos y mis brazos llenos de vello. Me toqué la barbilla y descubrí que tenía barba. Caminamos por una serie de pasadizos, todos con las paredes como las de la habitación, sin ventanas, iluminados con la misma luz blanquecina e intensa.

Llegamos a una gran sala donde más hormigas hablaban alrededor de una mesa. Al entrar nosotros, guardaron silencio e inclinaron la cabeza a mi paso. El coronel Micrón me indicó una especie de trono, situado en lo alto de una escalinata, para que me sentara. Obedecí. Ninguna habló, parecía que esperábamos a alguien más. Por fin, una puerta a la derecha de la escalinata se abrió y apareció otra hormiga, aún más grande que las demás. Despiértate ya, Rubén, despiértate ya.

—Majestad —le dijo el coronel mientras se retiraba a una esquina de la sala.

Las otras hormigas hicieron una genuflexión. Yo, agarrado a los reposabrazos del trono, era incapaz de moverme. La hormiga grande se paró delante de mí.

—Dios Rubén, nos alegra que por fin haya despertado. Es un honor tenerlo con nosotros —inclinó la cabeza—. Soy la reina de la colonia, la Reina Nórvix. Deseamos ponerle al día de la situación actual.

Asentí. Primero para saber dónde estaba y por qué. Segundo, por miedo a que me atacaran si me negaba. La reina se sentó en otro trono que había en la parte opuesta de la mesa.

—General Velton, por favor, proceda.

Una de las hormigas se levantó, vino hasta el pie de la escalinata y con un mando descolgó del techo una pantalla.

—Dios Rubén, le ruego que escuche atentamente mi explicación. Cualquier duda que le surja, plantéela al final de la misma.

Bien. Como si tuviera otra posibilidad.

—Nos encontramos en la Cámara del Consejo de la Colonia 54281XE —dijo y en la pantalla empezaron a sucederse diapositivas—. La misma se ha desarrollado gracias a su importante aportación de alimentos. Su entrega diaria de lo que llamaba quesito propició el desarrollo de nuestro cuerpo militar.

Como el destello de un relámpago me llegó la imagen de mi madre insistiéndome en el parque cada tarde:

—Rubén, toma los quesitos, que ya sabes que tienen mucho calcio. Te harás grande y con los huesos fuertes.

Lo mismo cada día desde que tengo uso de razón. Ella no sabía que aquella masa densa, pastosa, no me gustaba. Me daban náuseas cada vez que la tenía en la boca, pegándose en cada recoveco de mis dientes. Si le decía que no me gustaba, seguro que me castigaba. Así que los cogía, me iba a jugar y los tiraba por ahí. Hasta que un día vi un hormiguero y se me ocurrió poner los dos quesitos junto a la boca del mismo. Las hormigas se arremolinaron encima. Al día siguiente no quedaba nada de los de la víspera y les dejé los que acababa de darme mi madre. Estuve dejando cada tarde los dichosos quesitos durante años. Mi madre les tenía una fe ciega. ¡Ayer mismo dejé dos!
—Poco a poco —continuó Velton—, cruzando los miembros del cuerpo militar con la Reina, que también se alimentaba con el quesito, se desarrolló una raza superior, más grande, más fuerte y con un exoesqueleto más duro.

Sí, hombre, ahora resulta que va a tener razón mi madre, ¡no te digo! Casi se me escapó la risa.

—Al exterior continuamos enviando las hormigas de tamaño arcaico para no levantar sospechas. Pero la nueva dimensión que adquirieron los miembros de la colonia precisaba galerías y cámaras más amplias. Por ello se ha hecho necesario expandirla y se tomó la decisión de salir a la superficie.

—Gracias, general Velton —interrumpió la Reina—. Continuaré yo.

El general se sentó y la Reina se acercó a la escalinata.

—Hace tres semanas nos organizamos para ocupar la superficie. En primer lugar fuimos a buscarle para ponerle a salvo. Era muy probable que el ejército de su especie llegara a la conclusión de que usted nos había ayudado a desarrollarnos y pensamos que su primer objetivo sería eliminarlo. Localizamos su colonia y, con un picotazo, lo sedamos.

Me toqué de nuevo el garbanzo de mi nuca.

—Actuaron de noche, por lo que al comando encargado no le resultó difícil. Una vez estuvo usted a salvo en nuestras instalaciones, todo nuestro ejército se desplegó por la superficie de lo que llaman ciudad. Cuando salió el sol y los primeros miembros de su especie comenzaron a salir de las colonias, empezamos a someterlos.

—¿A someterlos? —interrumpí angustiado— ¿Qué quiere decir, Reina Nórvix?

—En pocas palabras —me dijo—: hemos esclavizado a los humanos.

—¡Imposible! —Reí— Los humanos tenemos armas muy potentes —presumí—, lo he visto en mi consola.

Todas rieron, incluida la Reina, y yo dejé de hacerlo. Cuando volvió el silencio, ella continuó.

—Nuestras bajas han sido mínimas. Le recuerdo que somos una superespecie gracias a usted. No así las bajas de los humanos. Pero es lo que pasa en las guerras, quizás no lo sabía. Los que han sobrevivido, trabajan para nosotros. Los que no pueden, se convierten en nuestro alimento.

Me pellizque de nuevo, varias veces, quería despertarme ya. Pero no ocurría. Seguía allí.

—¡No, no! —No quería hacerlo, pero se me puso una especie de pelota en la garganta que me impedía tragar— Por mi culpa, todo es por mi culpa.

—¡Cálmese! —Me riñó la Reina— Compórtese como un Dios, un ser todopoderoso. Dentro de un momento subiremos a la superficie para que mis súbditos y los esclavos puedan venerarle y tiene que mostrarse sereno.

—¡No soy un Dios! ¡Sólo soy un niño! —grité y empecé a llorar— ¡Dejad que me marche con mi madre!

La Reina Nórvix se giró hacia las otras hormigas e hizo un gesto con las antenas a una de ellas.

—Coronel Yukig, por favor.

—Dios Rubén —me dijo con tono triste la otra hormiga—, lamento comunicarle que los humanos conocidos como mamá y papá fueron eliminados durante su rescate.

—¡No, no es verdad! —Casi no me salían las palabras— ¡Mentiroso, mentiroso!

Bajé la escalinata de un salto y empecé a darle puñetazos en la cabeza. La hormiga ni se inmutó, me apartó con una de sus patas, como cuando las vacas alejan las moscas con los movimientos de su cola. Me sentí insignificante. Me tiré al suelo de rodillas, me tapé la cara con las manos y lloré. Mamá y papá, muertos. Por mi culpa.

—¡Sois idiotas! —No podía contener la rabia, me limpié las lágrimas y los mocos con el dorso de la mano — Era mi madre la que me daba los quesitos. ¿Qué vais a hacer ahora que no está? No podréis seguir comiéndolos —concluí triunfante.

—No sea estúpido —me increpó la Reina—. Días después de comenzar la ocupación de la superficie nos hicimos con el mando de la fábrica de quesito. Su producción está en nuestras manos. Disponemos de todo el que queramos.

—Entonces ya no me necesitáis —se me ocurrió—, puedo irme.

—¡Ni hablar! —la Reina me miró con sus grandes ojos llenos de ojos pequeños.

—¡Soy vuestro Dios! —grité mientras subía a la parte de arriba de la escalinata— ¡Os ordeno que me dejéis marchar!

De nuevo estalló una carcajada general en la sala.

—¡He dicho que me voy! —exclamé indignado.

—No puede irse, no es libre —la Reina había tenido que apoyarse en la mesa para reponerse de la risa—. Todos sabemos que, efectivamente, no es un Dios. Pero el pueblo es ignorante, por eso necesita iconos, algo en lo que creer para no sentirse perdido. A nosotros nos conviene mantener idiotizada a la plebe para evitar sublevaciones. Usted es un simple ídolo que mantendremos aquí mientras siga siendo útil.

Una pareja de hormigas armadas se colocó en cada una de las puertas de la sala.

—¡Yo les contaré la verdad! —solté.

—No lo haréis —me prohibió la Reina—. Prácticamente no tendréis contacto con ningún humano. Visto que la sustancia con la que le dormimos ha acelerado su metabolismo y ha envejecido prematuramente, le proporcionaremos hembras de su especie para que se aparee con ellas y engendre hijos entre los que, cuando usted fallezca, elegiremos su sucesor.

—Ellas me ayudarán a desvelar el secreto.

—Lo dudo —añadió la Reina con sarcasmo.

***

No sé el tiempo que ha pasado desde ese día. Creo que años, pero no sé cuántos. No era un sueño, aunque en lo más profundo de mi ser todavía espero despertarme. Intenté rebelarme un par de veces, pero me picaban, dormía durante un tiempo y me despertaba más mayor. Comprendí que así no solucionaba nada. Empezaron a traerme concubinas. A todas les habían arrancado la lengua y provocado sordera. Hormigas malditas. Pero con una de ellas conseguí comunicarme. Nos escribíamos mensajes con los dedos sobre nuestras pieles. Ella me contó que había un movimiento de resistencia humana.

A partir de ese momento me mostré dócil y colaborador para ganarme la confianza de la Reina Nórvix y recabar información útil desde dentro. Los de la resistencia saben que me tienen retenido a la fuerza y que tienen mi apoyo. Sé que a estas alturas están muy organizados y que falta poco para que ataquen el cuartel general de la colonia. Pero yo ya no lo veré. He sentido un nuevo picotazo en la nuca, más intenso que otras veces. Alguien ha descubierto mi juego, estoy seguro. Y también estoy seguro de que esto es el fin, me dormiré y ya no me despertaré. O quizás sí. Quizás me despierte de nuevo en mi habitación. Sí. Entonces lo primero que haré será decirle a mi madre que no me gustan los quesitos. ¡Mamá, mamá! ¿Estás ahí?


Pinchando en este enlace podréis leer el relato en la antología (comienza en la página 93) y descargaros gratuitamente la antología completa en pdf.

viernes, 12 de enero de 2018

Fauna local


En marzo o abril del año pasado, una mañana, por la Playa del Miracle, oí un parloteo. No era un trino de pájaro de los habituales que hay en Tarragona. En un árbol vi tres pájaros algo más pequeños que una paloma, verdes, de pico grande y con las plumas de la cola largas. Loros, cotorras, papagallos,… No lo sé, mis conocimientos en ornitología son muy limitados. El caso es que no son aves locales. Pensé que alguien los había soltado, cansado de ellos o por no poderlos atender. O que se habían fugado de una jaula mal cerrada. Me dieron pena, les di unos días de vida.

Sin embargo, he seguido viéndolos. No cada vez que he pasado por allí, pero sí cada cierto tiempo. Pasaron del paseo de la playa a la zona del Fortí de la Reina. Y las últimas veces los he visto en las ramas de los árboles de una casa del Paseo Rafael Casanova. Esta mañana he vuelto a verlos. Siempre en el mismo árbol de la misma casa del mismo paseo. Yo iba corriendo, pero me he parado a hacerles una foto (mis hijas, cada vez que les hablaba de los pájaros verdes, me pedían una foto) y esta vez había nada menos que seis. Si el grupo sigue creciendo acabarán siendo incluidos en la lista de fauna local.
Estos son los loros, cotorras o papagallos. Hay tres que se ven a primera vista.
Los otros tres están en las ramas más bajas de la derecha.
En Tarragona el clima es bastante suave, aunque este otoño ha habido varios días de viento muy violento, alguna tormenta fuerte y un par de días de bastante frío. Pero ellos siguen allí, aguantando en libertad. Me alegra ver que sobreviven. Está claro que los animales nos dan mil vueltas. Las personas vivimos con tantas comodidades y nos hemos habituado tanto a ellas que cualquier contratiempo o salida de nuestra zona de confort  nos supone un problema. Sin embargo, ellos han sabido adaptarse, si los liberaron o se escaparon, se han apañado para comer y resguardarse (y juro que con las palomas y las gaviotas tienen que tener mucha competencia, porque, sobre todo las primeras, son legión). Supongo que alguien de la casa cercana a su árbol les da algo para comer, por eso vuelven allí desde hace tiempo, y que se han buscado algún hueco donde dormir y guarecerse. Imagino que está en su ADN y da igual que hayan nacido en cautividad: si recobran la libertad, recuperan sus habilidades. Un gran aplauso para ellos. No me veo sola en un bosque o en una isla y sobreviviendo… Mi ADN está tan atrofiado como el del resto de la Humanidad.

NOTA (día 16/01/2018): Publiqué la foto en las redes y me dicen que son cotorrillas argentinas (Myiopsitta monachus), que son una especie invasora y que, si no se toman las medidas adecuadas, se convierten en plaga. Que los gorriones, las palomas y otras aves urbanas tienen serios problemas con ellas. Que avise al SEPRONA de la zona para que actúe. Eso haré.

viernes, 5 de enero de 2018

NI UNA MÁS

Hoy os cuelgo un relato navideño y negro, no puedo evitarlo, en serio, jajajajaja. Con él he participado en un concurso entre colegas de letras sin más ánimo que pasarlo genial. Teníamos el obstáculo de un sinfín de palabras relacionadas con estas fechas que no podíamos usar. He quedado tercera, junto a varios compañeros más y es que hay mucho talento por ahí. Feliz Noche de Reyes a todos, que os traigan cariño, que vale más que nada. Feliz 2018 a todos.

Imagen tomada de sohomind.com


Ni una más

Llevo meses planeándolo. No volverá a pasarme. Todos reunidos en torno a la mesa, en plan familia feliz, hablando de lo de siempre para no tocar los temas tabú y las bromas del gilipollas de mi cuñado. Las niñatas dando por el saco, que si pueden abrir los regalos, que hemos quedado. Y mi suegra, el año que viene ya no estaré aquí, ay, qué pena. Lástima perderme el menú, que no es el tradicional. Hace años empezaron a innovar y, la verdad, da gusto. Aunque luego se me amargue, por contener la mala hostia que se me mete en el cuerpo.
Algún año tenía que tocarte estar de guardia, cabrón, suelta el gilipollas de mi cuñado, que vives como un “majará”. Pues sí, una llamada a tiempo, el cadáver de una anciana flotando en el río. Y, mira, mi suegra tenía razón, este año ya no está aquí.

viernes, 15 de diciembre de 2017

Quesitos

Han pasado meses desde la última vez que escribí en el blog. Hoy lo retomo para compartir con los lectores mi primer regalo de Navidad: la publicación de uno de mis relatos en una antología digital.

El Narratorio Antología Literaria Digital Nº 22 Diciembre 2017 Año 2 es el nombre de la antología. A través del blog del mismo nombre, El Narratorio, se publica mensualmente una antología en la que participan autores hispanoamericanos.


Quesitos, así se llama mi relato, es un relato de ciencia ficción. No es mi género, pero una anécdota infantil de mi cuñado Juan Carlos me inspiró hace años y ahora he recuperado el relato, lo he reescrito y revisado y así es como ha quedado.

—¡Mamá, mamá! ¿Estás ahí? —nadie respondió.
Había abierto los ojos, pero la claridad me obligó a cerrarlos. Me los tapé con la mano y fui entreabriéndolos hasta acostumbrarme a la luz. Me dolía mucho la cabeza. Me la agarré con las dos manos. Luego me la froté y, al llegar a la nuca, noté una especie de grano, del tamaño de un garbanzo. Me incorporé como pude en la cama. Aquella no era mi habitación. Me asusté. Las paredes eran plateadas, paneles lisos unidos por perfiles de metal con remaches, sin ventanas, solo había una puerta. Llamé otra vez:
—¿Mamá?
Tampoco obtuve respuesta. Tenía diez años y, la verdad, nunca había pasado la noche fuera de casa. Me preocupé. Hasta que oí unos pasos detrás de la puerta. Me puse en pie de un brinco para pedir ayuda a quien estuviera al otro lado, pero, antes de llegar, la puerta se abrió y apareció una hormiga casi tan alta como yo. Corrí horrorizado y gritando hacia el otro lado de la habitación. Quise trepar por la pared, pero no había dónde agarrarse. Lloré. Pensé que era el fin.

Pinchando en este enlace podréis leer el relato completo (comienza en la página 93) y descargaros gratuitamente la antología completa en pdf. Más adelante lo publicaré entero. Espero que os guste.